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ámsterdam del alma

si Juliana resucitara


Soy estupenda. Corto persianas, instalo escritorios y bañeras, pinto, ordeno bien bien. Además de habituales como el preparado de deliciosos platillos y otras varias actividades de diversa aplicación, más o menos definida.

Pero el país, de culo: los bomberos no saben apagar incendios; los albañiles construyen escalones desiguales y pegan azulejos disparejos; los médicos temen que lleguen enfermos de urgencias, pues no saben tratarlos; en las clínicas de convalecencia no duchan a los pacientes, y atan a los dementes, por falta de personal cualificado. Nos quedamos sin polis. Intelectuales no hay.
Se farrearon el futuro hace unas décadas, como gusta decir un amigo. En los 60-70 no comprendieron que la democratización de la universidad no se riñe con convertirse en hombres y mujeres de bien. Decidieron ponerse a vivir de rentas. Igualdad. Nadie es más o menos capaz. Lo que hubiera, a repartir. Entre olorosas bocanadas.

Hoy nadie sabe hacer nada. Y el gobierno no quiere que entren extranjeros, aunque sólo ellos pueden salvar el barco.
Chiflada Holanda, morirás.

6 comentarios

fede -

Me pregunto si no les gustará lo torcido por costumbre histórica: como el suelo pantanasoso de aquí al final lo tuerce todo, como que ellos se adelantan. ("Para qué esforzarse en medir con precisión si la naturaleza va a llegar igual con su fuerza destructora?"

ricky -

porque cuando pasa un camión por la calle todo el edificio se mueve. Y se mueve, pues bien, pueden torcerse algunas cosas. Pero, claro, eso no lo explica todo.

ricky -

Puertas. En el apartamento donde vivía antes había entre el suelo y la puerta un agujero de 1,2 centímetros. Me pareció siempre escandaloso. En la puerta de la sala la diferencia era de 1 centímetro. En casa de un amigo el vano de la puerta no coincidía, así que hubo que cortar la hoja de la puerta, un buen tajado torcido por arriba. Yo pienso a veces que quizás muchas de esas torceduras se deban al suelo arenoso. Lo digo por

pedro -

Un amigo holandés, cuando llegé yo a este país, quería instalarse un cuarto de baño de ensueño. Contrató a unos albañiles. Las paredes serían de mármol, grifería cara, jacuzzi... Cuando terminaron las obras, ingenuo, pregunté a mi amigo: es estilo de estas tierras dejar las baldosas y azulejos desiguales? Lo pregunté así francamente, dado que le habían cobrado un ojo de la cara. Y no; no era estilo; el tema resultó ser tabú: los albañiles, cuando mi amigo les trasladó a ellos la pregunta en la fiesta de inauguración, se pusieron muy rojos. Y nadie supo reaccionar.

Miguel -

La verdad es que visto desde un punto de vista crítico, es la pura verdad, aquí en Holanda hay mucha improvisación en todo, aunque se empeñan en hacernos creer lo contrario, solo nosotros, los románticos provenientes de otras latitudes podemos humanizar un poco este país, gracias por las luces que me dan en este post y en el comentario que antecede a este.

ricky -

En mi edificio efectivamente los escalones son desiguales. Me hace recordar cómo hace décadas nos reíamos de los rusos porque parece que sus edificios son así. Bueno, en el mío también descubrí que las ventanas son desiguales: en mi sala por arriba tiene 4 milímetros más. Los descansos tampoco coinciden y hay que tropezarse cada vez. Más: fui a la costurera a pedirle que me achicara las mangas de la chaqueta, que me quedó algo larga. Abrió muchos los ojos, dijo que era muy muy difícil y caro. 45 euros el arreglo. Fui a otro -un étnico- y me dijo: Es caro. Pide 20 euros. Pues bien, en España es un trabajo de aprendices de costura. Precio normal: tres euros, cuando no gratis. Y nadie te dice: Es muy difícil. Son verdaderos profesionales. Aquí son todos una manga de idiotas y amateurs. Mañana te cuento otros detalles de la expertise holandesa.