de nada, holanda

Me pregunta una negra de Suriname que a qué saben los platanitos que vemos ambas expuestos en un puesto del mercado del Albert Kuyp. Yo no sé. Nunca los probé. Venden una bolsa con unos 4 o 5 por 1.50e. Se les ve muy maduros. Otra mujer que por allí compra me lleva un rato echado el ojo. La negra me ha confundido con la vendedora: "y los lichis?" Lo que debe de querer es comérselos por la cara. Quién va a creer en esta ciudad que no conoce los platanitos esos, que crecen en su tierra como mala hierba, por todas partes. "En el altiplano boliviano se los dan a los cerdos", me dijo la otra, confundiéndome con la peruana de entre los presentes. Y se lió a hablar de los setenta en Ámsterdam, cuando este mismo mercado, de los más amplios del país, no llegaba "ni hasta por allillita"o algo así. Mi novio asentía. "Hemos enseñado a comer, a bailar y a vestirse a los holandeses en todos estos años." Ella es esposa de refugiado. "Y ellos a nosotros no nos han enseñado nada".
Parece que gracias a nosotros' Ámsterdam tomó vida. Al menos así oí hoy. Mi novio fue de los que ayudó a la introducción del cilantro. Se quejaba a los verduleros. Los marroquíes, ante la carencia, y con mentalidad de zoco, se escondían tras los pescaderos con enormes sacos de cilantro, y aprovechaban el pánico, gritando 'koriander' al que pasaba. Así fue como los holandeses de zuecos se vieron obligados a cultivar esos hierbajos. Y los pescaderos -hoy duchos en esta la lengua que empleo, por la cuenta que les tiene- dejaron de tirar las cabezas de pescado, enseguida que se dieron cuenta de que con ellas cogían de las pelotas a mucho indio de curanto, e hispano sopero en general.
Había que saber francés. Para leer Le Monde -lo único que llegaba. Y sólo se conseguía en la Estación Central.
Las mujeres andaban con zapato-e-palo, en bocas chilenas.
Cabezas de animales colgando de las paredes de los cafés. Como en anuncios de jähermeister. Pensaban que capuchino era un jugador de fútbol. No había espejos en ninguna parte. Ni duchas. Eso sí, había arenques. Eso aprendimos, a comer arenques y anguila ahumada. Vendían verduras holandesas que ahora no comen ni los holandeses, como la zanahoria amarilla. También ha cambiado la arquitectura. Antes las escaleras de las casas eran tan estrechas y empinadas que las subíamos gateando.
En cuanto se puso a llover hubo que dejarla con la palabra en la boca.
Parece que gracias a nosotros' Ámsterdam tomó vida. Al menos así oí hoy. Mi novio fue de los que ayudó a la introducción del cilantro. Se quejaba a los verduleros. Los marroquíes, ante la carencia, y con mentalidad de zoco, se escondían tras los pescaderos con enormes sacos de cilantro, y aprovechaban el pánico, gritando 'koriander' al que pasaba. Así fue como los holandeses de zuecos se vieron obligados a cultivar esos hierbajos. Y los pescaderos -hoy duchos en esta la lengua que empleo, por la cuenta que les tiene- dejaron de tirar las cabezas de pescado, enseguida que se dieron cuenta de que con ellas cogían de las pelotas a mucho indio de curanto, e hispano sopero en general.
Había que saber francés. Para leer Le Monde -lo único que llegaba. Y sólo se conseguía en la Estación Central.
Las mujeres andaban con zapato-e-palo, en bocas chilenas.
Cabezas de animales colgando de las paredes de los cafés. Como en anuncios de jähermeister. Pensaban que capuchino era un jugador de fútbol. No había espejos en ninguna parte. Ni duchas. Eso sí, había arenques. Eso aprendimos, a comer arenques y anguila ahumada. Vendían verduras holandesas que ahora no comen ni los holandeses, como la zanahoria amarilla. También ha cambiado la arquitectura. Antes las escaleras de las casas eran tan estrechas y empinadas que las subíamos gateando.
En cuanto se puso a llover hubo que dejarla con la palabra en la boca.
6 comentarios
swami andonianda -
engels -
sulaco -
Nos queda por enseñarles a poner puestos de castañas asadas en las calles y a cocinar y disfrutar del pulpo a la gallega y los calamares rellenos. Y no nos olvidemos de los berberechos, que los exportan a España y ellos no los comen. En fin.
pepa -
swami andonianda -
tu tení asensó? -